Migración cubana: una sola crisis, una sola causa

10 Sep Migración cubana: una sola crisis, una sola causa

Santos confirmó que los migrantes cubanos ilegales en Turbo serán deportados (Foto: Raúl Arboleda/AFP)

Migrantes cubanos en Turbo, Colombia (Foto: Raúl Arboleda/AFP)

Los cubanos no abandonan su patria solo por la fantasía del llamado sueño americano

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FORT PIERCE, Estados Unidos.- Las crisis migratorias provocadas por el éxodo de miles de cubanos se trasladan de un lugar a otro del continente americano, pero esencialmente se trata de una misma crisis y de un único conflicto, el que dejó de ser solo un fenómeno de carácter social para convertirse en un verdadero problema político.

Los sucesos que tuvieron lugar en Quito y Turbo hace apenas dos meses lo demuestran. Las manifestaciones de miles de cubanos en ambos territorios suramericanos fueron ejemplos de esa lucha no violenta que han emprendido los cubanos, algo sin precedentes en la historia del exilio y la migración cubana.

Tras el éxito de las operaciones de Costa Rica durante noviembre de 2015 se produjo una situación alarmante en Panamá, una vez que el gobierno costarricense cerró sus fronteras. Luego se repitió lo mismo en Colombia al solucionar Panamá su conflicto en mayo de 2016. De ahí la idea del traslado de una crisis que no termina y al parecer permanecerá como conflicto establecido. Téngase en cuenta los centenares de migrantes cubanos que ya se han concentrado de nuevo en territorio panameño a pesar del cierre de fronteras y las medidas de deportación actuales.

El fenómeno migratorio cubano ha tenido una significativa repercusión, lo que le ofrece una inusual trascendencia si se le compara con otros movimientos de este tipo que cada día tienen lugar en el mundo. Cientos de haitianos realizan un recorrido similar al de los cubanos, otros procedentes de África se arriesgan al pasar el océano hasta llegar a costas suramericanas; sin embargo su travesía es vista como una necesidad que pueda garantizar ciertos cambios, lo que, se supone, les permita algo más que la supervivencia que asumían en sus países de origen.

Pero la migración de los cubanos adquiere otras dimensiones. Téngase presente que la mayoría de los migrantes han admitido recientemente que su salida de Cuba se debe a cuestiones políticas, algo que quedó demostrado en territorio ecuatoriano, en el que multitudes emprendieron la lucha a través de marchas y manifestaciones ante las embajadas de México, Cuba y Estados Unidos, además de permanecer durante más de una semana en un céntrico parque de la capital del país.

No se trata de movimientos de una veintena de hombres de un país a otro. Recordemos que en noviembre de 2015, el gobierno de Costa Rica asumió el traslado de cerca de 8 000 cubanos que se encontraban en este país, una vez que Nicaragua cerró sus fronteras, lo que se consideró como la primera crisis humanitaria de la región en esta etapa.

Meses más tarde se acumulaban en territorio panameño tras el cierre de las fronteras de Costa Rica. El gobierno de Panamá se ocupaba de solucionar la situación de su territorio —la segunda crisis— y concluía el 12 de marzo de 2016 el traslado a México de 1 301 cubanos. No obstante, continuaron llegando entre 100 y 200 cada día a las costas panameñas, lo que desató la tercera de las crisis, fenómeno que se prolongó por más de dos meses y que logró solucionarse gracias a la generosidad del presidente Juan Carlos Varela. De esta forma se encaminaron rumbo a Estados Unidos otros 3 500 durante el mes de mayo, por lo que la cifra de migrantes cubanos trasladados de manera legal a través de gestiones de estos países llegó a casi 13 000 en solo seis meses.

En Colombia se concentraron 1 273 migrantes cubanos de acuerdo al censo de julio del presente año —según reporte de la Defensoría Regional de Urabá y la Oficina de Asuntos Internacionales de la Defensoría del Pueblo—, cifra mucho mayor si se considera que solo se inscribieron aquellos que permanecían en el antiguo almacén convertido en albergue luego del cierre de la frontera panameña.

En Ecuador no hay cifras exactas en la actualidad, por cuanto, desde este país salen rumbo a Colombia multitudes de cubanos que siguen su travesía por las selvas americanas o intentan establecerse transitoriamente en Panamá para ser acogidos por instituciones religiosas. No obstante, según los líderes del Grupo Alianza Nacional Cubana de Ecuador (ANCE), se estima que permanezcan más de 6 000, la mayoría fuera de Quito, a pesar de la salida masiva después de las detenciones y deportaciones del pasado mes de julio, muchos con aspiraciones de poder salir del país andino rumbo a Estados Unidos.

El tráfico ilegal de personas se ha convertido en una forma de obtención de ganancias para muchos traficantes de los países involucrados, los que objetivamente no pueden poner fin al fenómeno a pesar de las medidas extremas, ni tienen la capacidad real para ofrecer protección y alimentación a multitudes, aun cuando las intenciones en algunos casos —como sucede con el gobierno de Panamá— sean las mejores.

El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, se reunió el pasado 22 de agosto en la Casa Blanca con el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, y pidió que el gobierno de Estados Unidos avance hacia la derogación de la Ley de Ajuste Cubano y otras políticas que dan beneficios migratorios a los cubanos, lo que, según Solís, ha alentado un masivo flujo de isleños a través de Centroamérica.

Igualmente se refirió a que la migración cubana tenía su lógica propia y estaba motivada por los privilegios legales. “Las migraciones ocurren en todas partes, pero en Costa Rica nunca habíamos tenido esta experiencia”, declaró Solís en conferencia organizada por los centros de estudios Wilson Center y Diálogo Interamericano.

Un mes antes el canciller ecuatoriano, Guillaume Long, había afirmado que el gobierno de Rafael Correa no se involucraría en el tráfico de personas a pesar de la situación de los cientos de cubanos, muchos de los cuales acampaban en sitios públicos de Quito pidiendo a México una visa humanitaria para llegar a Estados Unidos. Ya en aquella ocasión se refirió despectivamente a la necesidad de desmontar “este aparataje que de alguna manera es parte del bloqueo a Cuba”.

Estos fueron los precedentes que prepararon el camino para que, recientemente, nueve gobiernos latinoamericanos pidieran a Estados Unidos que revisara sus políticas migratorias con relación a Cuba, de manera particular la Ley de Ajuste Cubano. El canciller de Ecuador, Guillaume Long, afirmó en conferencia de prensa el envío de una carta en la que los gobiernos de Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Perú y Ecuador, expresaron su preocupación por el tránsito de ciudadanos cubanos, lo que compromete las políticas y esfuerzos de estos países por “unas fronteras seguras y libres del crimen organizado trasnacional”.

Este hecho llama poderosamente la atención por varias razones. En primer lugar los gobiernos de Costa Rica y Panamá están incluidos dentro de los firmantes de la misiva, algo que resulta paradójico si se tiene en cuenta no solo la posición asumida por ambos países respecto a los convenios con México para permitir el traslado seguro de cubanos desde estos países, sino por la forma de haberse pronunciado al solucionar el conflicto, siempre favoreciendo a los cubanos, a los que no solo se ocuparon de trasladar, sino de proteger y apoyar.

Por otro lado, solo se involucra al gobierno de Estados Unidos como causante del fenómeno migratorio y sus serias consecuencias para la región y se guarda total silencio respecto a la responsabilidad del gobierno de la isla caribeña, el que durante más de medio siglo ha sido el verdadero causante del éxodo mantenido.

Los cubanos no abandonan su patria solo por la fantasía del llamado sueño americano. La imposibilidad de llevar una vida con un mínimo de condiciones básicas, la difícil situación económica y en primer lugar la necesidad de sentirse libres y no perseguidos, son los principales motivos que originan la salida del país, lo que es originado por la dictadura comunista cubana y no por leyes del gobierno de Estados Unidos.

Sería más lógico y justo que se reunieran los cancilleres de los países regionales afectados y rectificaran sus posiciones. Deberían pronunciarse contra la política del gobierno cubano y no contra leyes que de manera democrática tuvieron su aprobación en Estados Unidos y por el momento —por suerte para los cubanos— no cambiarán, al menos mientras no exista libertad en Cuba.

Frank Rodriguez
brickelleditor@hotmail.com
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