Carter quería eliminar “el bloqueo” en su segundo mandato

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13 Jun Carter quería eliminar “el bloqueo” en su segundo mandato

Nuevos documentos desclasificados por el Departamento de Estado muestran que el presidente Jimmy Carter tenía intención de eliminar el “bloqueo económico a Cuba” en su segundo mandato, según declaraciones hechas después de que comenzara la crisis de refugiados conocida como el éxodo del Mariel.

En una reunión en Camp David con altos miembros de su gabinete el 3 de mayo de 1980, Carter expresó su preocupación por la situación de los refugiados cubanos. Pese a las declaraciones de Fidel Castro responsabilizando a Estados Unidos de la crisis, Carter dijo en la reunión que quería “comunicarse con Castro y ver si Castro está dispuesto a resolver este problema”, indica un resumen oficial de la conversación.

“En su segundo mandato, dijo el Presidente, él desearía levantar el bloqueo económico a Cuba. De hecho, él esperaba hacerlo a principios de esta Administración, pero las circunstancias lo prohibieron”, añade el memorando.

Carter nunca tuvo un segundo mandato porque fue derrotado por el candidato republicano Ronald Reagan ese mismo año.

“La voluntad declarada de Carter de levantar el bloqueo en su segundo mandato es importante”, afirma William LeoGrande, autor junto a Peter Kornbluh de Diplomacia encubierta con Cuba: Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana.

Según el profesor de la American University, cuando Peter Tarnoff –asistente especial del Secretario de Estado– y Robert A. Pastor –director para América Latina en el Consejo de Seguridad Nacional– fueron a Cuba en junio para negociar el fin de la crisis migratoria, el asesor de seguridad nacional de Carter, Zbigniew Kazimierz Brzezinski, no les permitió ofrecerles a los cubanos un diálogo sobre el levantamiento del embargo “y mucho menos decirles que el presidente quería levantarlo en su segundo mandato”.

Esto tuvo, a su juicio, un impacto directo en la duración del éxodo del Mariel, en el que cerca de 125 mil cubanos huyeron de la isla entre abril y octubre de 1980.

“Las conversaciones fracasaron”, recuerda LeoGrande “y no fue hasta que Tarnoff regresó a La Habana en septiembre y no ofreció negociar sobre el embargo que Castro acordó detener la migración. Si Brzezinski hubiera permitido a los negociadores de Estados Unidos representar con precisión la política del presidente en junio, la crisis migratoria habría terminado meses antes”, opina.

Ya en el momento en el que se produce la reunión en Camp David, la situación de los refugiados cubanos estaba en el tope de las prioridades del Presidente, quien en otro momento de la conversación solicitó la presencia de miembros del Consejo de Seguridad Nacional y del Departamento de Estado en “los desayunos del viernes” para discutir “temas esenciales… La Unión Soviética, Europa Occidental, los refugiados cubanos”.

Como indicaban otros documentos ya conocidos, Carter tenía como prioridad la normalización con Cuba desde que asumió la presidencia e incluso estableció conversaciones secretas al respecto en 1978.

Un memorando recién desclasificado enviado a Carter por Brzezinski muestra que efectivamente la normalización se mantuvo como “un asunto importante” (justo por debajo de “crucial”) para el periodo 1979-1980, aunque ya para esa fecha el asesor recomendaba seguir adelante pero con cautela, debido a la preocupación generada por las incursiones de Cuba en África. Esto último estaba entre los siete puntos que una joven Madeleine Albright incluyó en un memorando para Brzezinski en abril de 1978, acerca de los temas más importantes a juicio de funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional y miembros del Congreso.

Presencia de Cuba en África en el centro de la discordia

Desde 1975, fuerzas militares cubanas fueron enviadas a Angola, Etiopía y el cono sur africano. Según los autores de Diplomacia encubierta…, hubo oportunidades de eliminar el embargo como resultado de los diálogos pero “la política de Cuba en África, era más importante para Fidel Castro que las relaciones normales con Estados Unidos”.

Conclusiones similares fueron ofrecidas por el propio Pastor en su libro El remolino: la política exterior de Estados Unidos hacia América Latina y el Caribe. En el texto, Pastor escribió acerca de lo que él consideraba las verdaderas razones para el fracaso del intento de normalización: “Estados Unidos consideraba que el expansionismo cubano-soviético en África era contrario a sus intereses nacionales y Castro confería al papel que desempeñaba en África un mayor valor que a la normalización de las relaciones”.

En otro memorando de noviembre del 77, el asesor lamenta que la política exterior del Presidente tenía un problema de percepción pública, al ser interpretada como “suave”. “Por esto es que la presión pública a Cuba con respecto a África vino justo a tiempo”, añade.

En un mensaje posterior de abril del 79, Brzezinski ofrece otra versión del mismo argumento al referirse a la caracterización “injusta” de los medios de la Administración como “indecisa con relación a asuntos de política exterior”. En ese mismo memorando, el asesor recomienda al Presidente que Estados Unidos no debería buscar la “normalización” con Cuba, “sin beneficios tangibles a los Estados Unidos”. El asesor incluyó el tema cubano en los asuntos en los que la Administración no debería involucrarse pues estos temas difíciles podrían “generar divisiones” y “no ofrecer recompensas políticas”.

Obama aprendió la lección

Kornbluh y Leogrande coinciden en que, empujado por Brzezinski, Carter exigió la salida de Castro de África para levantar el embargo y normalizar las relaciones, lo cual llevó al fracaso de las negociaciones.

“Como descubrió el gobierno de Carter, Cuba no cede a las demandas imperiales sobre la independencia de su política exterior, y Fidel no hace quid pro quo”, comentó Kornbluh, director de la sección de Cuba en el Archivo de Seguridad Nacional.

LeoGrande, por su parte cree que esta es una diferencia esencial con las negociaciones llevadas a cabo por la Administración de Obama, quien no exigió un cambio fundamental a los cubanos. “Obama creyó que la normalización por sí misma sirve a los intereses nacionales de Estados Unidos”, agregó.

Hay otras dos diferencias importantes entre ambos procesos de negociación. La Administración de Obama negoció con Raúl Castro, no con su hermano Fidel, quien construyó gran parte de su legitimidad política basada en su lucha contra el “imperialismo” y Estados Unidos. Por otra parte, Obama no incluyó al Departamento de Estado en las negociaciones secretas que duraron 18 meses, lo cual probablemente evitó las diferencias de opiniones entre el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional que enfrentó Carter y le aseguró a la Casa Blanca absoluto control sobre el proceso.

Ben Rhodes, el asesor del Consejo de Seguridad Nacional, que estuvo a cargo de las negociaciones secretas con los cubanos junto a Ricardo Zúñiga, admitió a el Nuevo Herald que “en nuestras negociaciones con el gobierno cubano, pudimos basarnos en la experiencia de aquellos que anteriormente habían tratado de generar una apertura entre los dos países”.

Rhodes alabó “el gran coraje” del presidente Carter al establecer una Sección de Intereses en la Habana en 1977. “Nos beneficiamos del hecho de que teníamos una Sección de Intereses en La Habana que había cultivado lazos entre nuestros pueblos”, subrayó.

El proceso de negociaciones iniciado por Rhodes y Zúñiga ha generado duras críticas, principalmemente de legisladores republicanos que le han reprochado a Obama haber realizado concesiones al gobierno de la isla sin obtener mucho a cambio. Sin embargo, Kornbluh ve en esta estrategia uno de los méritos de la actual administración.

“El presidente Obama aprendió claramente las lecciones del fracaso de Carter para lograr la normalización de las relaciones y trabajó duro para evitar” los mismos errores, opinó y enfatizó que “sus negociadores adoptaron un tono respetuoso y no hicieron demandas unilaterales de concesiones a cambio de la normalización de las relaciones diplomáticas”.

LeoGrande destacó las similitudes entre el esfuerzo de ambos presidentes: ambos “creían que la vieja política había dejado de ser útil; que una nueva política mejoraría las relaciones con aliados que ya no apoyaban el embargo; y entendieron que la sensibilidad política doméstica demandaba negociaciones secretas”.


by Nora Gámez Torres: 305-376-2169, @ngameztorres

 

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